LA DEFENSA DE LA LIBERTAD EN EL EJERCICIO PROFESIONAL DEL ABOGADO

Por: Rodrigo Arrubla  Cano
Conversatorio ciudad de Pasto, septiembre  27 de 2013

 

Expondremos hoy   la defensa   de la LIBERTAD  en el ejercicio  profesional  del abogado, entendida esta como  expresión histórica  de sentimientos  y anhelos humanos, de transformaciones políticas y sociales  engendradas  bajo  procesos dialecticos,  donde el hombre  como ser  viviente,  crea    su identidad    dentro  del planeta  y  pretende  buscar la siembra de la semilla de sus   propias metas y objetivos   de  vida,   en un éxtasis  de profundas pasiones y sacrificios.

 

Jean Paul Sartre entendía la libertad  como la elección del perfil básico de sí mismo,  del proyecto fundamental de la  existencia,  proyecto que se realiza bajo nuestra propia voluntad.

 

Dentro de  este  sentido  de libertad    el hombre  con   su instinto de  crueldad      ha impulsado  dialécticamente    en las  diferentes   etapas de  su existencia,    conductas decadentes y   libertarias que  han hecho  de él  más   un esclavo     sin    espíritu independiente,  que un hombre libre   con  su propia  inteligencia  y  poder  de voluntad,  a efecto   decía, F. Nietzsche  “El menor paso  hacia  adelante  en el terreno de la libertad  de pensamiento y de la vida individual,   se ha dado en toda época a costa de tormentos  intelectuales y físicos. Y no solo los pasos  adelante,  sino  cualquier paso, cualquier  movimiento, cualquier  cambio, han tenido necesidad de innumerables mártires a través de esos miles de años en que los hombres buscaban caminos y echaban los cimientos de la sociedad, pero que no se tienen en cuenta  cuando se habla desde la perspectiva  de ese  periodo  de tiempo  ridículamente breve  al que se le ha  dado  el nombre de “historia  universal”.

 

Dentro de nuestro contexto,   la defensa de la libertad   en la   actividad  del   abogado  sobre   los caminos  de la historia,  se ha integrado  en parte  cardinal  con un sentido de liberación  e independencia, en cuanto dentro  la formación del Estado  como  tal,  su creación y  orígenes  ha  logrado  inspirar    el  compromiso  de  reivindicación  política  sobre   la  defensa  e impulso  de la  organización  social,  creando y   sembrando  senderos en las  exigencias  de  las garantías y protección  legal   del ciudadano  ante    el Estado,  frente  a tribunales e instituciones de justicia,   dentro de un marco de impugnación y  contradicción, objetando, discrepando  y enfrentando  en los estrados   la  injusticia  y la  arbitrariedad del gobernante  y funcionario,   en más de las  veces  convocando  y dirigiendo  y pregonando luchas sociales; proclamando,    afirmando  y  exhortando  la  exigencia   de la defensa de  su propia   libertad  y la de su  profesión.

 

En  las diversas  épocas históricas   han existido   abogados  quienes con su  nobleza  y finura en el    ejercicio  profesional,   la  han engrandecido y  sublimado   por encima de la    indecencia y   la arbitrariedad  y   han refrendado  históricamente  el sentido  de la interpretación del mundo bajo  conceptos  de compromiso y  búsqueda  de la  defensa  de la  vida y  su sentido  humano;  esto  ha hecho al   abogado distinguirse  en los procesos sociales y  tener  su  propia identidad  dentro de la  comunidad social   especialmente  en momentos  históricos determinantes y esenciales,  en consecuencia la arbitrariedad de los  imperios y tiranías  lo han hecho   objeto de persecución y  muerte.  Como ejemplo resalto lo sucedido   en el año de 1793  cuando los  revolucionarios franceses  abolieron con Robespierre  el ejercicio profesional del abogado hasta 1810. Igualmente  en 1516  y 1528  los Reyes Católicos  restringieron   el ejercicio profesional en las colonias españolas. En 1758  el  Virrey  Amat, ordeno excluir de la profesión a zambos, mulatos, y según este a  otras peores castas.

 

Hacemos  memoria  de un momento  brillante  de la historia  en  la reivindicación  política en  la defensa de la  libertad y  contra la tortura  en la edad media,   la cual  como  clamor social  fue impulsada esta reivindicación al unísono por  los abogados franceses,  donde  se vio obligado ante  la imperiosa necesidad  histórica  el Rey   Luis XVI   en el año  1780 de tomar la trascendental    decisión de  abolirla.

 

Y en nuestra patria,   resalto  el ejemplo esplendoroso del ilustre y patriota abogado José Antonio Ricaurte, a quien la historia  le debe un lugar cumbre,  como quien fuera   el abogado defensor del  prócer  Don Antonio Nariño, y  quien por    haber detentado  precisamente  esta  distinción  de defensor en ejercicio  fue encarcelado  5 años,  torturado y recluido en las mazmorras  de Cartagena, posteriormente  desterrado  de su patria como traidor y  perseguido político,  no obstante sus nobles  orígenes.

 

Siguiendo las  sendas históricas  trazadas por las revoluciones sociales y el desarrollo cultural del hombre   bajo la sombra  de la crueldad,   y la misma destrucción de culturas enteras, la humanidad  en su  constante avance y retroceso,   entre contradicciones políticas  y sociales,   con  equivocaciones   y  oscuros conceptos     de  inciertos  mundos propuestos por el  vergonzoso poder codicioso  de por sí   fratricida y  deshumanizado, digo,  buscó el hombre   superar  entre  cadenas y fuego  y en medio de   guerras   en derredor de  sus inciertas  ambiciones destructoras, dentro de esta luctuosa  oscuridad  de  los tiempos,  conceptos  sobre la defensa de la libertad,   la protección   de la vida y exigencia de la justicia   y del  mismo sentido  humano interpretativo de su  propio  destino;  y  de estos mismos   conceptos  históricos  libertarios   nacieron   luces de  transformaciones   políticas creadoras  de   organizaciones  sociales donde se   buscó   establecer   el   equilibrio político entre   las anarquías y    las  propias  tiranías;  en efecto fue   así como  emergió el  Estado  moderno, un   ente político  dispuesto a darle sentido a la justicia y la libertad,  y a reconocer  democráticamente  derechos  sobre las relaciones  sociales  de  la masa ciudadana,  no  obstante a la postre  resultó dentro de  este proceso   un  ciudadano  objeto   útil    de imposiciones,  tributos y obligaciones  bajo el imperio de la  fuerza integradora   de la  misma organización  constituida  contradictoriamente para su propia opresión.

 

Fue así como el   origen  histórico del llamado   Estado  moderno   se originó   como  ente  político  mediante un proceso  histórico y dialectico  sumergido   en un mundo  con    su propia  figura  dada la   “capacidad de asimilación”  de la    ilusión humana,    y dentro  de  un  desesperado  anhelo de libertad  e igualdad,  produjo  este  contradictoriamente  un   poder  desigual  y egoísta     donde  nacieron  instituciones denominadas en la revolución francesa como ramas del poder público,  ideadas   en sus orígenes según Montesquieu  como  democráticas y justas,     pero a la postre con  los tiempos  se originó una   masa populachera  y proletaria  como  elemento  numérico  subyugado,  como elemento  electoral    y    a su vez   como   instrumento   para justificar  la existencia  del   Estado  moderno sobre los  mismos síntomas de decadencia  de  los   poderes  monárquicos   existentes con antelación.

 

Genios  de la humanidad, enciclopedistas, filósofos, poetas, artistas, escritores, historiadores, políticos,  se ilusionaron y se fascinaron  falsariamente,   y propusieron en efecto  montar estructuras  políticas como la del Estado moderno actual,  como  la única  forma de  aplacar la anarquía existente  dentro de la decadente perversidad oculta  del hombre, así  predicaron  y  profetizaron que este incipiente  e inteligente  ente político   llamado  Estado sería  la salvación   terrenal y  eterna del hombre,    en cuanto  era  el único que  podía superar   a las  ambiciones humanas  mendicantes y resplandecientes de  sangre y el oro;   así   se avalaron  luchas sociales   como la revolución francesa y la misma bolchevique  donde  se avizoraba  en el horizonte   un  sentido  esperanzador   de un hombre libre e igual, como  razón elemental de la  convivencia humana;  olvidando    el poder  codicioso  del imperio y  de  la muerte como esencia política   para imponer    constituciones  y  leyes  como una pura y    fina expresión  del “monstruo frio”  llamado así por  Nietzsche,    donde estaría la  tiranía  en su máximo esplendor  entre   guillotinas, mazmorras, cadenas,   obreros, burguesía,  multinacionales,  colonias e imperios, y en consecuencia brotaron  así entre la oscuridad de los tiempos,   decadentes  constituciones  políticas   redactadas burdamente  para encubrir las infamias de las clases opulentas, codiciosas  de  tesoros,  habidos de crímenes  y guerras e impulsoras de la desigualdad y la injusticia.

 

Así   viene navegando en medio de  tempestades  y en los tiempos modernos  del  siglo XXI    el   ABOGADO en su ejercicio profesional,     enfrentando un  mundo incierto  de  contradicciones y antítesis   de orden social, absorbido  lentamente en el devenir histórico de la existencia,   subyugado fuertemente por los tres poderes,   e incurso  políticamente al servicio  de la ley  como expresión  de cumplimiento, estrechez, letargo y obediencia;  surgida e  impulsada la profesión entre  decadentes y carlistas constituciones  históricas  de contenido arbitrario,    y en  esencia sujeto en más de las veces  a trasegar     en medio  de    administraciones  de justicia   donde el abogado  en ejercicio  aparece en   los estrados  judiciales  conculcado,  difamado  y  censurado como un  tercero en discordia.

 

Pero donde nace  la defensa de la  libertad en el ejercicio del abogado?   ¿Dónde están   los nuevos tiempos para  el  abogado en ejercicio  dados  por el logro libertario  de la humanidad   bajo las luces de la  misma  incertidumbre  que se transforma y conforma? E ahí el dilema de la defensa de  la libertad   en el ejercicio profesional del abogado  bajo un desorbitado e incierto mundo mundano cuya realidad  de vida   busca convertirnos   en un elemento  simple y superficial  de la administración  de justicia, en bufones y moneda falsa  de mercado.  ¿Dónde  está la libertad histórica  reivindicada,  reconquistada y pretendida, en los tiempos  pretéritos y presentes a sangre y fuego,   si los tiempos modernos  aún   tienen  fuerte  olor    a cárcel y cementerio?

 

La interpretación   de la  identidad  del  hombre    en el clamor de la  defensa de la libertad como respuesta a   la  dictadura de su propia  razón,  y a la  tiranía   existente   sobre sus  metas de vida,   crea   conceptos nuevos y  viejos   de forma  contradictoria,   determinando en la humanidad     una oscura y decadente  forma de existir,   calificado esto   como un  “instinto de rebaño”  y un  “negro  pesimismo”  que  nos interpreta   en  una opaca sinfonía   de vida y  un  confuso  concepto de  esencias sincronizadas en la ignominia   oculta del  mundo de hoy,  mundo  aparente  o  real,  que  limita  y  cercena  nuestra propia  libertad individual en   cada acto de  vida , conculcando, “espiando” nuestra web y auscultando íntimamente   nuestro diario vivir  con el  argumento arbitrario de  la defensa,  la seguridad y  la protección   del Estado por encima  nuestra  propia libertad,   degradando  y  manipulando en consecuencia   así  nuestra ya  confusa   existencia humana.

 

Dentro de la   profesión de abogado acaso no  se  nos cercena  la libertad   como  seres  humanos?  Dentro de la  actividad   del abogado en ejercicio donde   se integra, se expande y consolida la defensa de  libertad  como elemento  esencial para la expresión   de su  forma  al servicio de la defensa del ciudadano?

 

En este contexto,   los  actos  profesionales del abogado en ejercicio son llevados a efecto  como producto  del esfuerzo intelectual y académico,  viéndose  hoy  conculcados  por  la  expresión   política del  Estado,  donde a través de sus instituciones y de la misma administración  de justicia  se le difama, persigue, sanciona  y asecha,  y  se le  reclama a su vez, un comportamiento,  simple,   frio, egoísta, silencioso  y exigente  al  sometimiento,  docilidad  y mansedumbre en su ejercicio profesional, todo  dentro de un concepto de  “sentimiento gregario” como a  ninguna otra profesión.

 

La profesión  del abogado   en Colombia,  así  asediada   se consolida dentro de parámetros de persecución,  intimidación y acecho, negándose como consecuencia firmemente   a  claudicar,   por cuanto   su   misión  histórica sigue vigente y  presente,  pues no de otra forma y  sentido  se explica y  contrae  en la necesidad  social de   exigir  ante el Estado  el respecto y  el cumplimiento de los derechos ciudadanos, quienes  poseen  solo  la alternativa legal de  acceder  exiguamente a la administración de justicia,  por medio de un abogado en ejercicio  para  proclamar   e invocar   estos.

 

La  defensa de la  libertad  en el  ejercicio profesional del abogado  se hace  parte integral de los derechos  y garantías  ya reconocidos en la profesión,   como una reivindicación histórica  respaldada en  tratados internacionales, pero  solamente el abogado en ejercicio  con  su compromiso  sincero de  misión y metas   en el logro de su “proyecto fundamental” que decía Sartre, es  quien tiene  la perentoria   necesidad  de exigir   la  defensa de la  libertad  en  la profesión   y  en   la vida,  pues no  puede el abogado en su ejercicio ser un servil  profesional  mediocre  al servicio  de la injusticia y la  arbitrariedad, so pena de contribuir  tiránicamente  a la aniquilación y decadencia  del mismo  ejercicio profesional.

 

Hoy en  la constitución  y  fundación de la  seccional del COLEGIO NACIONAL DE ABOGADOS – CONALBOS   del Departamento de Nariño,  convoco a los abogados en ejercicio de esta parte  de nuestra patria, para que se  reivindique ,  proclame y  exija  en nuestros actos de vida profesional  y personal,  la defensa  por  la libertad  como  única  forma  de hacer subsistir  la identidad y  las     garantías  políticas    necesarias  y  determinantes  en  nuestro ejercicio profesional.
La profesión actualmente exige, llama, convoca  y proclama   de los  abogados colombianos  en  ejercicio,  el compromiso eficaz  y determinante  de integrarnos bajo conceptos  de postulación  y  reivindicación  por  el principio indelegable  de exigir   la  defensa de  la libertad  en nuestras vidas   y ejercicio  profesional,  como parte  de la identidad y  las  garantías  políticas  enmarcadas  desde nuestros orígenes, de lo contrario  sería  aceptar nuestra propia  docilidad, sumisión y perversidad.

 

No de otra forma  podemos  pedir   y exigir las garantías  legales para ejercer nuestra profesión,  en cuanto los gobiernos colombianos de las últimas décadas, ningún interés han mostrado por  impulsar   la  defensa de nuestro  ejercicio,  y solo se han dado a la tarea estos gobiernos  de constituir  a espaldas nuestras estatutos disciplinarios   que  son  solo  normas sancionatorias y  represoras  sobre  nuestras conductas.

 

El COLEGIO NACIONAL DE ABOGADOS-CONALBOS, abre el debate nacional  por  la defensa de la libertad en nuestro ejercicio profesional,  para lo cual  reclamamos    independencia,   sinceridad,  decencia y compromiso  de  estar  día a día, momento a momento de nuestras vidas,  impulsando, formando y creando medios para defender la profesión del asecho, la  intimidación, la insidia, el vilipendio y el  menosprecio  existentes  en nuestro   país sobre  nuestra  noble  y honrosa profesión.

 

Que sean  pues estas palabras  sinceras, nacidas de lo más profundo de mi existencia   de un   abogado de 35 años  de ejercicio, la apertura y bienvenida   del nacimiento de nuestra NUEVA  SECCIONAL  del DEPARTAMENTO DE NARIÑO.  Gracias en nombre de la JUNTA DIRECTIVA NACIONAL  y felicitaciones  a todos los socios fundadores  muy especialmente  a su alma y nervio   la Doctora LEONOR BRAVO BURBANO.